Del Pastor...

La tragedia mayor de esta vida no es morir, sino vivir sin un propósito
«A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejantes a ÉL en su muerte».
Fil. 3: 10.

Aquí el apóstol Pablo apunta sus propósitos:

          1. Conocer mejor a Cristo

          2. El poder de su resurrección.

          3. Participar de sus padecimientos

          4. Ser semejantes a él.


Para él todo lo demás era secundario. Si no tienes un propósito claro, seguirás cambiando de dirección, de trabajo, de metas, de relaciones, de Iglesia y de muchas otras cosas. ¿Por qué lo haces, quizás esperando, que el cambio pueda resolver la confusión en tu mente, o que llene el vacío de tu corazón. «No seáis insensatos, sino entendidos de cual sea la voluntad del Señor» (Efesios 5: 17.)

Cuando tenemos un propósito claro nos trazamos metas claras. En Filipenses 3:14 Pablo dice: «Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús». Pablo estaba tan enfocado en Cristo que propagó el cristianismo por todo el Imperio Romano y lo hizo casi solo. El poder de enfocarse en un propósito es tan tremendo que en la naturaleza los rayos del sol pueden concentrar con una lupa y encender un fuego; pero cuando se enfoca aún más (rayos láser) puede atravesar el acero. Una vida enfocada en Cristo siempre tendrá recompensa.

No estás aquí en la tierra para ser recordado sino para prepararte para la eternidad. Esta vida es solamente un ensayo para la verdadera actuación. En Filipenses 3:7 Pablo sigue diciendo: «Todo aquello que para mí era ganancia ahora lo considero pérdida por causa de Cristo».

Tienes que hacerte el propósito durante este año de conocer mejor Cristo para que puedas vivir en el poder de Su resurrección, participando con entereza si algo tienes que padecer y creciendo a su semejanza; y al final tendrás la recompensa y el gozo de saber que estás viviendo una vida con propósito.

Resolución para este año:

01. Como Pablo: Olvidar lo que queda atrás, y proseguir a la meta;

02. Alzar mis ojos a los montes y recordar que mi socorro viene de Jehová;

03. Como Abraham: Confiar incondicionalmente en mi Dios;

04. Como Enoc: Caminar en compañerismo con mi padre celestial;

05. Como Ezequías: Preparar mi corazón para buscar a Dios;

06. Como Moisés: Escoger obedecer a Dios, aunque esto signifique sufrir, antes que gozar de los placeres temporales del pecado;

07. Como Daniel: Vivir en comunión con Dios;

08. Como Job: Ser paciente bajo cualquier circunstancia;

09. Como Josué y Caled: No permitir que me desanimen los obstáculos;

10. Como José: Dar la espalda a la tentación;

11. Como Aarón y Hur: Servir de apoyo a mi pastor y a los líderes de mi iglesia.

13. Como Esteban: Manifestar un espíritu de perdón hacia los que me hieren;

14. Como Juan: Amar a Jesús con todo mi corazón.

«Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche».
Génesis 8: 22